martes, 24 de abril de 2007

viernes, 20 de abril de 2007

Altruísmo v/s Beneficio ...¿Cuál es la proporción?

Habíamos comprendido el compromiso constante que existe entre el emprendedor y la sociedad, con el afán de detectar lo que no está funcionando bien y que está tan inmerso en la sociedad que no se puede dar cuenta de la anomalía. Habiamos comprendido al emprendedor como el individuo innovador, que corre riesgos sin miedo a fracasar, pues en esto está lo humano, y que de sus sensibilidades y no normas nace su estilo, y su espíritu emprendedor. Sin embargo, también habíamos comprendido que el emprendedor fundamentalmente el bien de la comunidad. Pero, ¿Cuál es el grado de diligencia hacia ese bien común que deben perseguir los emprendedores?
¿En qué momento el beneficio propio se hace presente, y puede éste cubrir con una manta el fin del espíritu emprendedor?¿Cuál es la proporción entre el altruismo y el beneficio? En el siguiente artículo pretendo enclarecer esta pregunta, sin poder quizás solucionarla.

Primero, permítaseme aclarar ciertos conceptos que he utilizado anteriormente, y a los cuales recurriremos habitualmente. Comenzaremos por explicar el concepto de Altruísmo, tomándolo como el sacrificio personal por el beneficio de otros (altri= otros), como lo adoptó Auguste Comte en el siglo XIX. Es decir, los altruistas alcanzan la felicidad cuando otros prosperan, y esto por medio de un hábito altruista de bienestar ajeno, , un concepto totalmente opuesto al egoísmo.
Introduciremos un nuevo concepto, creado por Immanuel Kant en 1788, llamado Imperativo Categórico. Es, como su nombre lo indica, una ley moral imperativa, obligatoria, un mandato incondicional de razón absoluta. El más claro ejemplo sería "No debes robar". Quisiera ser breve en esto, y que entendamos el concepto como un deber moral de máxima frialdad, necesario, y propio de nosotros al ser seres racionales.

Me ha nacido una discusión al respecto de si la ética particularmente deriva de ser racional. Lo menciono, debido a esta página, pero no quisiera ahondar más en aquello.

Hemos vivido durante siempre por el beneficio propio. Y desde Adam Smith en adelante, si bien ha existido siempre, se marca la bandera que fundamenta lo anterior dicho. Y es que las relaciones por naturaleza son acuerdos económicos, donde ambos se benefician. Tanto como la relación cliente-vendedor, o la ciudadano-gobierno, incluso la relación fiel-dios, si podemos ponerlo así, al ofrendar la fe del creyente a cambio de la salvación. Toda es una relación de mutuo beneficio. Pero por esencia, esta relación encierra un carácter egoísta del individuo, porque su prójimo no es considerado un individuo a quien se le pueda ayudar sin obtener algo a cambio. Se genera este "dame y te doy", que va contrario a lo que nos habla el Altruismo.

Pero, ¿En qué está el emprendedor? Si suponemos que es un sujeto que mira las posibilidades, las preocupaciones de la sociedad, para traer consigo un producto o servicio que se haga cargo de estas anomalías, esto implica un trabajo, un esfuerzo ¿a cambio de qúe? ¿De la gratificación personal por haber facilitado la vida de muchas personas? ¿O, tal vez, por la obtención de algo a cambio?. Los seres humanos funcionamos por estímulos, y a la vez por principios básicos. Entonces, que tanto de cada uno de estos valores pertenece a un espíritu emprendedor?.

No terminé de responder a la pregunta, espero que uds. lo piensen y la respondan con lo que creen que es la respuesta.




Doy muchas gracias a Jaime Jara por haberme introducido al Imperativo Categórico.


Ignacio Larraín Villegas

Estudiante Primer Año

Ciencia Política
Universidad del Desarrollo

martes, 17 de abril de 2007

Calentamiento global: ¿Quién gana... y quién pierde?

Reportajes de la prensa extranjera
Por Gregg Easterbrook

El cambio climático en el próximo siglo (y más allá) podría ser enormemente perjudicial para el mundo, esparciendo enfermedades y provocando guerras. Pero también podría generar ganancias inesperadas para algunas personas, negocios o naciones. Esta es una guía -publicada por la revista The Atlantic- sobre las transformaciones que se producirán en todo el mundo si se concretan los peores pronósticos del calentamiento global, y que van desde el surgimiento de nuevos polos agrícolas hasta disputas por los recursos hídricos y crecientes despoblaciones en distintas partes del mundo.


Si el clima de la Tierra cambia de manera significativa, podría haber una alteración de la economía global tan amplia que no tendría paralelo con ningún otro suceso anterior, con excepción de la Segunda Guerra Mundial. El cambio económico implica ganadores y perdedores. Enormes sumas se ganarán y perderán si cambia el clima global. Todos se preguntan por el daño que el calentamiento le produciría al medio ambiente, pero ¿cuál sería su efecto sobre la distribución global de dinero y poder?

Sin importar si es natural o artificial, el cambio climático podría acarrear tremendos beneficios, así como enormes problemas, a distintas regiones del planeta. El mundo se ha calentado durante miles de años antes de la era industrial, e indudablemente ha favorecido la expansión de la civilización. El problema es que la geografía económica del mundo está organizada de acuerdo a un clima que ha prevalecido desde la Edad Media; un cambio climático furtivo podría acarrear enormes transformaciones al ordenamiento físico de la sociedad. En el pasado, los cambios menores en el clima han tenido impactos importantes en la agricultura, las rutas de comercio y en los tipos de productos y commodities. Las transformaciones mayores han catalizado el surgimiento y la caída de sociedades enteras.

El imperio maya, por ejemplo, no desapareció "misteriosamente"; cayó por décadas de sequía que arruinaron su base agrícola y privaron a sus ciudades de agua potable. En la otra cara de la moneda, el período cálido de la Europa medieval, de 1000 a 1400, fue esencial para el ascenso de España, Francia e Inglaterra: esas benignas centurias permitieron el aumento de la producción agrícola, de la población, de las ciudades y universidades, el cual sentó las bases de la Revolución Industrial.

A menos que la teoría del efecto invernadero esté completamente equivocada -la ciencia apoya cada vez más la idea de que está en lo correcto-, el cambio climático del siglo XXI implica que se están gestando radicales transformaciones sociales y económicas.

Hasta ahora el debate sobre el efecto invernadero se ha llevado en abstracto: argumentos sobre el pasado distante, aparejados con conjeturas basadas en modelos computacionales acerca del siglo XXII y las típicas cintas hollywoodenses sobre desastres. Pronto, tanto la abstracción como la fantasía post-apocalíptica podrían ser superadas por la realidad económica y política de un mundo cada vez más caluroso. Si el clima global sigue cambiando, muchas personas y naciones descubrirán que poseen tierras y recursos de un valor creciente, mientras otros sufrirán graves pérdidas. Añada el cambio climático gatillado artificialmente a la volatilidad provocada por la globalización, y las próximas décadas podrían experimentar niveles de trastornos económicos antes impensables, en los que se ganarán y perderán fortunas, de acuerdo al clima físico y de negocios.

Puede que esta pregunta suene extraña: ¿Qué hay para mí con el calentamiento global? Pero no es un juego de palabras. Las formas en que el cambio climático podría alterar la distribución mundial de la riqueza pueden ser de ayuda a la hora de apreciar la profundidad de los remezones que sufrirían nuestras vidas. Más aún, es probable que algunas de sus consecuencias más duraderas surjan no tanto del calentamiento en sí, sino de la manera en que reaccionemos frente a él: si el mundo se calienta considerablemente, los hombres y las mujeres no se quedarán de brazos cruzados; habrá lo que los economistas llaman "respuesta adaptativa". Algunos aspectos de esta respuesta podrían generar tensiones entre los que ganen y los que pierdan. Si el mundo se calienta, ¿quién gana?, ¿quién pierde? Y, ¿qué hay para mí?


En la actualidad, casi todos los commodities fundamentales, como el petróleo, tienen un suministro suficiente. El agua dulce es una excepción: si declinan las lluvias por el calentamiento, los suministros de agua potable y dulce podrían ser la próxima emergencia.


Tierra

Se espera que los bienes inmuebles aumenten sostenidamente su valor durante el siglo XXI, dado que la población y la prosperidad globales están creciendo. La oferta de tierra es limitada, y si algo tiene una oferta fija y una demanda creciente, la apreciación debería ser automática. Eso a menos que el cambio climático haga crecer la oferta de tierra al calentar tierras actualmente congeladas, logrando que la cantidad de tierra demandada sufra un tremendo cambio.

Por ejemplo, mi ciudad natal, Buffalo, actualmente está tan desvalorizada que algunas de sus viviendas estilo Beaux-Arts, emplazadas frente a un parque diseñado por Frederick Law Olmsted, se venden al mismo precio que un departamento de una habitación en Boston o San Francisco. Si un mundo más cálido provoca que el área sea menos fría y nieve menos, Buffalo podría convertirse en uno de los lugares más deseables del país.

Igualmente, Arizona y Nevada, con mercados inmobiliarios en ebullición, podrían volverse insoportablemente calurosos y sus mercados quebrar. Si los océanos suben, el rápido crecimiento de Florida podría verse anegado por un alza en sus peligrosas aguas subterráneas.

Éstos son sólo algunos ejemplos posibles. El cambio climático podría trastornar los valores inmobiliarios alrededor del mundo, con un estancamiento de las propiedades en las latitudes bajas, mientras las latitudes altas se convertirían en el cinturón dorado de mediados del siglo XXI.

Los cambios locales en la demanda de viviendas son sólo una parte pequeña del fenómeno. Para apreciar el cuadro general, es cosa de mirar la proyección Mercator de nuestro planeta, y observar cómo las masas de tierra se extienden desde el Ecuador a los polos. Suponga que el calentamiento global es razonablemente uniforme: es probable que las zonas ecuatoriales y de latitudes bajas del mundo se vuelvan más calurosas y menos deseables para habitarlas, además de perder valor en términos económicos; con algunas excepciones, estas áreas albergan a las naciones en desarrollo cuyos niveles de vida ya son bajos.

Entonces, ¿dónde están las masas de tierras ubicadas en latitud alta que podrían volverse más valiosas en un mundo más caluroso? Por mero accidente geográfico, fuera de la Antártica, casi todas estas tierras están en el hemisferio norte, cuyos continentes se extienden de oeste-este. También una pequeña parte de América del Sur -la cual se estrecha cuando se avanza hacia el sur- es de latitud alta, pero ninguna de África o Australia. Para ser más específico, casi todos los beneficios de un mayor valor inmobiliario que se derivan de un mundo más caluroso se acumularían en Alaska, Canadá, Groenlandia, Rusia y Escandinavia.

Esto plantea la posibilidad de que un efecto invernadero artificial podría perjudicar a naciones que ya tienen problemas y beneficiar a países que ya son ricos. Si Alaska se vuelve templada, ello podría abrir al desarrollo un área del doble del tamaño de Texas.

Mayores temperaturas mundiales podrían lanzar a Indonesia, México, Nigeria y otras naciones de latitudes bajas a generaciones de miseria. Mientras que Canadá, Groenlandia y Escandinavia experimentarían una bonanza económica.

¡Y Rusia! Durante generaciones los poetas se han quejado de que el país está condenado por la enorme, siniestra y durísima Siberia. ¿Qué ocurriría si, por el contrario, esa región fuera templada y atractiva? El cambio climático podría convertir a Rusia en dueña de la mayor región de tierras nuevas, prístinas y explotables, desde que los veleros europeos avistaron por primera vez las costas de lo que más tarde se conocería como América del Norte. Las nieves de Siberia cubren suelos que nunca han sido explotados por la agricultura. Más aún, debajo de ellas podrían encontrarse vastos depósitos de combustibles fósiles, así como recursos minerales.

A pesar de que le brindaba amplios beneficios, el gobierno ruso vaciló a la hora de ratificar el Protocolo de Kyoto, el cual regula los gases invernadero. ¿Por qué fue así? Quizá porque saldría ganando con un mundo más cálido: para Rusia, los eventuales beneficios del calentamiento global superan a los de otras naciones.

Desde luego, se puede argumentar que los políticos rara vez piensan en acciones cuyo valor se verá una vez que abandonen sus cargos, por lo que Moscú quizás no tenga una estrategia para beneficiarse de un mundo más cálido. Pero un mundo más cálido sería del agrado de Rusia, sea que esto provenga de una estrategia o del azar. ¿Y cuánto tiempo habrá de pasar hasta que las naciones de latitudes altas se den cuenta de que el calentamiento global es de su interés? En años recientes, Canadá ha aumentado sus emisiones de gases invernadero mucho más rápido que el resto de los países desarrollados. Puede que esto sea el resultado de la prosperidad; o podría ser que tienen un plan maestro para sus enormes territorios actualmente inhabitables.

El calentamiento global podría significar mucho más para el norte que ganar tierras nuevas. En promedio, las temperaturas están aumentando, ¿pero cuándo? ¿Durante el día? ¿La noche? ¿El invierno? ¿El verano? Un temor acerca del cambio climático provocado artificialmente es que el calentamiento global conduciría a un aumento de las temperaturas máximas durante el verano, lo cual arruinaría las cosechas y tendría graves consecuencias para el abastecimiento eléctrico. Sin embargo, hasta ahora el calentamiento -especialmente en América del Norte- se ha traducido en temperaturas mínimas nocturnas e invernales no tan bajas. Mínimas más altas reducen la dureza del invierno en los climas del hemisferio norte y moderan la demanda de energía. Temporadas de nieve más cortas permiten tener períodos de cultivo más largos, impulsando la producción agrícola. En América del Norte, la primavera está llegando cada vez más temprano; en años recientes, los árboles han florecido en Washington casi una semana antes que hace una generación. Puede que parezca espeluznante, pero primaveras anticipadas e inviernos más suaves tienen un valor económico para la agricultura, y todas las sociedades modernas, incluyendo EE.UU., están basadas en la agricultura.

Si un mundo artificialmente más cálido provoca que sean más valiosas las tierras en Canadá, Groenlandia, Rusia, Escandinavia y EE.UU., entonces ello tendrá poderosas consecuencias en la situación global del siglo XXI.

En primer lugar, las sociedades del norte, históricamente más privilegiadas, puede que no decaigan en términos geopolíticos. De hecho, la gran era del poder del norte puede que esté ad portas, si es que el clima está por darle ventajas a esa parte del mundo. Si resulta que el consumo de combustibles fósiles de las naciones del norte ha provocado un cambio climático que fortalece la posición mundial relativa de esas mismas naciones, entonces los ensayistas del futuro harán su agosto. Y esa posibilidad es seria. A mediados del siglo XXI podría surgir un nuevo equilibrio global del poder, en el que Rusia y Estados Unidos vuelvan a ser las únicas superpotencias del mundo, claro que esta vez de una guerra caliente, en lugar de una guerra fría.

Segundo, si las sociedades del norte descubren que el cambio climático las vuelve más ricas, la búsqueda de la equidad mundial sufriría un duro traspié. Eso nos lleva a una tercera preocupación: si el cambio climático provoca que las naciones en desarrollo fallen, y se deterioran las condiciones sociales en su interior, millones de refugiados cesantes y hambrientos podrían llegar a las fronteras del norte favorecido, exigiendo ser acogidos. Si la misma Tierra se pone en contra de las naciones pobres, castigándolas con más calor y tormentas, ¿cómo podría Estados Unidos negarles moralmente socorro a los refugiados?

Con frecuencia, los cambios en los valores relativos de los lugares y de los recursos han conducido a guerras, por lo que es probable que el cambio climático provoque que las naciones envidien el territorio de las otras. Esta envidia podría dirigirse de norte a sur, y de arriba a abajo. ¿Norte-sur? Suponga que el cambio climático hace que Brasil sea menos habitable, al tiempo que le otorga un clima más templado a las vastas y fértiles pampas argentinas. ¿El Brasil desesperado y sobrecalentado de 2037 -con explosión de su población- dudaría en atacar a Argentina para obtener tierras más frías y atractivas? Ahora, considere la posibilidad de arriba-abajo: el deseo de abandonar las regiones bajas en busca de altura. Desde su independencia, en 1947, Pakistán se ha entrometido en los asuntos internos de Afganistán. Actualmente, los estadounidenses ven este tema a través de los lentes de los talibanes y Al Qaeda, pero desde la perspectiva de Islamabad, la meta siempre ha sido mantener a Afganistán como un lugar de retirada en caso de que Pakistán pierda una guerra con India. ¿Qué pasa si el cambio climático provoca que buena parte de Pakistán sea intolerable para sus ciudadanos? Las altas planicies de Afganistán podrían comenzar a ser vistas como agradablemente templadas, a medida que Pakistán se calienta, y los afganos verían entrar a su país a otro ejército foráneo.

Y aunque dije que Canadá podría volverse más valiosa en un mundo más cálido, lo cierto es que Canadá y Nunavut lo serán. Durante siglos, los europeos han empujado a los indígenas canadienses cada vez más al norte. En 1993, el país le concedió cierta independencia a los inuit de Nunavut, y esta enorme y fría región, ubicada en el noreste del país, ha sido prácticamente autónoma desde 1999. Los inuit creen que están protegidos por el único lugar del hemisferio que jamás desearán los descendientes de Europa. Pero esto podría ser un error garrafal.

Para los inversionistas, encontrar tierras atractivas que comprar en un mundo más cálido presenta muchas dificultades, en particular si se buscan en el extranjero. Si se toman en cuenta las conspiraciones en las pampas, por ejemplo, ¿se debe negociar con los actuales propietarios argentinos o con los futuros brasileños? Quizás un camino más seguro sea el opuesto, enfocándose en la probabilidad de precios inmobiliarios más bajos en lugares que la gente abandone. Si se aplican estrictas regulaciones sobre las emisiones de dióxido de carbono (CO2), las corporaciones saldrán a comprar "compensaciones", incluyendo proyectos que absorben el CO2 desde el cielo. La forestación es una compensación potencial por los gases invernadero, y es relativamente barato hacerlo en ciertas partes del mundo en desarrollo, incluso en tierras que las personas ya no desean. Si uno se mete en el negocio de las compensaciones de gases invernadero, lo que hay que plantar es leucaena, una especie arbórea de rápido crecimiento que metaboliza el dióxido de carbono mucho más rápido que otras variedades. Pero para vender los bonos, hay que ser dueño de la tierra. Considere esta secuencia posible de eventos: primero, el cambio climático hace que regiones del mundo en desarrollo sean menos habitables; luego, los refugiados huyen de esas zonas; finalmente, estas tierras pueden ser adquiridas a precios bajísimos y usadas para forestarlas con leucaena.

Agua

Si hay que creer en el documental de Al Gore, Una verdad incómoda, debería comenzar a vender ahora mismo sus propiedades en zonas costeras. El film sostiene que un efecto invernadero artificial podría elevar el nivel del mar en cuatro metros en el futuro cercano, inundando Manhattan, San Francisco y otras decenas de ciudades. Lo de Gore es una advertencia apocalíptica, pero el consenso científico es igual de preocupante: en 2005, la Academia Nacional de Ciencias advirtió que los océanos podrían subir entre 10 centímetros y 1 metro hacia 2100. Puede que 10 centímetros no parezca mucho, pero pondrían en peligro a partes de la costa de Florida y de las Carolinas, entre otros lugares. Un aumento de un metro en el nivel del mar significaría que se inundaría buena parte de Bangladesh y que la supervivencia nacional de Holanda correría serio riesgo. ¿Y qué pasa con los tigres asiáticos? Shanghai y Hong Kong están sentadas en el agua. Aumente un poco el agua y estas ciudades serán abandonadas.

El aumento global de la temperatura del último siglo -cerca de un grado Fahrenheit- ha sido modesto y no ha provocado ningún peligroso crecimiento del nivel del mar. Las preocupaciones sobre este tema apuntan a que existiría un "punto de inflexión" que podría provocar que se acelerara notablemente la tasa de calentamiento. Uno de los motivos de por qué el calentamiento global no ha ocurrido tan rápido como lo esperado pareciera ser que los océanos han absorbido gran parte del CO2 emitido por la actividad humana. Los estudios sugieren, sin embargo, que la capacidad de los océanos para absorber CO2 puede estar decreciendo: a medida que la tasa de absorción declina, aumenta la acumulación atmosférica, y se acelera el cambio climático. A la primera señal de un aumento del calentamiento global, venda sus propiedades en la costa. Desocupe esos edificios frente al mar en Londres y Seattle. Compre tierra en Omaha u Ontario.

Un efecto invernadero artificial también podría alterar las corrientes oceánicas de maneras impredecibles. Ya existen algunas pruebas de que las corrientes antárticas están cambiando, mientras que la corriente principal del Atlántico Norte, que lleva agua cálida hacia el norte del Ecuador, estaría perdiendo fuerza. Si esta corriente se altera, en Europa caerían las temperaturas, aunque todo el mundo se vuelva más caluroso. Buena parte de Europa está al norte de Maine, pero su clima es más templado porque la corriente del Atlántico Norte lleva enormes volúmenes de aguas cálidas más allá de Escocia. Estudios geológicos muestran que en el pasado esta corriente dejó de fluir. Si la corriente actual vuelve a parar debido a un cambio climático artificial, Europa tendría el clima de la actual Terranova. Como resultado se despoblaría, mientras que caería el valor económico de todo lo que se encuentra dentro de su helado territorio. La Unión Europea hace prácticamente la misma contribución a la economía global que Estados Unidos: temperaturas significativamente más bajas en Europa gatillarían una recesión global.

Mientras se aliste a vender sus posesiones en Europa, busque oportunidades de compra cerca de las aguas del Círculo Polar Ártico. En 2005, una nave científica rusa se convirtió en la primera en llegar al Polo Norte sin la ayuda de un rompehielos. Si se derrite el mar Ártico, los barcos comenzarán a transitar por el Polo Norte. El libro de Andrew Revkin, The North Pole Was Here (El Polo Norte estuvo aquí, 2006), retrata a Pat Broe, quien en 1997 compró al gobierno canadiense el puerto de Churchill, ubicado en el extremo norte del país, por US$ 7. Suponiendo que los hielos árticos se seguirán derritiendo, las naves de carga del mundo comenzarán a navegar hacia el norte para ahorrarse miles de millas en sus viajes, y el puerto de Churchill podría bullir. Si el hielo polar ártico desaparece y los buques se enfilan hacia los mares del norte, bajarían los costos de navegación, beneficiando a los consumidores. Los productores asiáticos verían caer los fletes a Estados Unidos y la Unión Europea. Al mismo tiempo, las rutas de alto tráfico del sur, que conectan al Lejano Oriente con Europa y la costa este de Estados Unidos, tendrían un tráfico menor y ciudades portuarias ubicadas en esa ruta -como Singapur- podrían declinar.

Además, puede que exista petróleo debajo de los mares del Ártico. ¿Quién será su dueño? Estados Unidos, Rusia, Canadá, Noruega y Dinamarca ya están hacienda valer reclamaciones, legalmente complejas, sobre porciones de los mares del Polo Norte, incluyendo alguna que otra nación que considera aguas internacionales, las que no pueden estar sujetas a control soberano. Actualmente parecería absurdo imaginarse a los gobiernos del mundo pelearse por los mares del Polo Norte. Pero en el pasado muchos de los motivos de batalla parecieron absurdos hasta que comenzó el fuego de la artillería.

Entonces, quizás la propiedad de estas aguas siga una dirección enteramente distinta. Es probable que el siglo 21 vea un movimiento a favor de crear derechos de propiedad privada en el océano. Si es que llegan a existir, los derechos de propiedad privada en los mares del Polo Norte podrían generar una fiebre capaz de rivalizar con la colonización de Oklahoma a fines del siglo 18.

Pase lo que les pase a nuestros océanos, el cambio climático también podría causar alteraciones económicas al afectar los suministros de agua dulce. En la actualidad, casi todos los commodities fundamentales, como el petróleo, tienen un suministro suficiente. El agua dulce es una excepción: China está agotando sus acuíferos a una tasa alarmante, mientras que el agua dulce es escasa en gran parte del Medio Oriente y África. Los estudios sobre el efecto invernadero son tan inciertos que los científicos poco saben si el mundo tendrá más o menos precipitaciones. Si resulta que declinan las lluvias, a medida que el mundo se calienta, los suministros menores de agua potable y dulce para la agricultura podrían llegar a ser la próxima emergencia de recursos. Para los inversionistas esto podría implicar una mirada cautelosa sobre las bonanzas en China y Dubai, ya que ambos lugares pronto enfrentarían problemas de abastecimiento de agua dulce. Por otro lado, si hay derechos de aguas disponibles en estas zonas, adquiéralos.

El mayor temor es que el cambio climático provocado artificialmente trasladará las lluvias desde las actuales regiones que son graneros del mundo hacia lo que ahora son desiertos o, peor aún, hacía los océanos (desde una perspectiva humana, toda lluvia oceánica representa agua dulce desperdiciada). La razón por la cual no han ocurrido catástrofes malthusianas es que, durante la última mitad del siglo, las producciones agrícolas han crecido más rápido que la población. Pero el sistema agrícola global depende peligrosamente del supuesto de que las condiciones de cultivo seguirán siendo buenas en las áreas productoras de granos de Estados Unidos, India, China y América del Sur. Si las lluvias se alejan de esas regiones, en esos lugares habrá enormes penurias durante muchos años.

Estudios recientes muestran que las precipitaciones en América del Norte son crecientemente el resultado de unos pocos chaparrones que provocan inundaciones y daños a la propiedad, y que son menos útiles para la agricultura que lluvias más suaves y frecuentes. Como la relación entre el cambio climático provocado artificialmente y la caída de lluvias es conjetural, los inversionistas no pueden evitar comprar tierras que algún día tendrán frecuentes aguaceros. Esta preocupación ciertamente implica una bandera de alerta para las inversiones en India, Bangladesh e Indonesia, en donde los monzones ya son un importante problema social.

Las inversiones relacionadas con el agua también pueden ser atractivas por otro motivo: la hidroelectricidad, que podría volverse una forma de energía premium si los gases invernadero son regulados de manera estricta. Quebec es la Arabia Saudita en lo que a aguas crepitantes se refiere. El complejo hidroeléctrico en torno a James Bay ya es una de las mayores fuentes mundiales de energía generada con agua, y no es difícil imaginar que Canadá terminará la reingeniería del norte de Quebec para producir hidroelectricidad, si la demanda de Nueva Inglaterra y del Midwest crece lo suficiente. De manera similar, existe potencial hidroeléctrico en partes de la Patagonia chilena. Se trata de una bella región silvestre, apenas tocada por la actividad humana, y de un lugar fascinante para apoderarse de tierras para constituir reservorios hidroeléctricos.

Adaptación

Recientemente, el New York Times se quejó de que el presupuesto fiscal 2007 de George W. Bush incluye sólo US$ 4.200 millones para estudios federales destinados a reducir las emisiones de gases invernadero. Es una preocupación equivocada: los avances serían más rápidos si el gobierno federal no gastara nada en el tema y promulgara normas que le dieran al sector privado beneficios significativos por encontrar soluciones que funcionen en la realidad, frente a los estudios en papel del gobierno.

Pero si la teoría del calentamiento global es correcta, las temperaturas más altas son inevitables. El calentamiento puede ser manejado, pero probablemente sea imparable en el corto plazo. Esto sugiere que un importante sector de inversiones del futuro próximo será el de la adaptación al cambio climático. Cultivos que crecen a altas temperaturas, casas y edificios diseñados para mantenerse frescos durante olas de calor, vehículos que funcionan con menos combustible, estructuras que resistan tormentas más fuertes, etc. A los ambientalistas no les gusta el discurso de la adaptación, ya que implica hacer las paces con un mundo más caluroso. Sin embargo, hay que hacer las paces, y mientras antes se pongan a trabajar las empresas, los inversionistas y los emprendedores, mejor.

¿Por qué, en última instancia, deberían las naciones actuar para controlar los gases invernadero, en vez de dejar que simplemente ocurra la alteración climática y ver quién se beneficia? Una razón es que el costo de los controles sea probablemente mucho más bajo que el costo de reconstruir al mundo. Es probable que las reformas que prevengan alteraciones económicas y sociales mayores provenientes del cambio climático sean menos caras que reaccionar frente al cambio.

Para Estados Unidos, existe un argumento particularmente apropiado. El actual orden mundial lo favorece en casi todos los aspectos: políticos, económicos, incluso naturales, considerando su excelente balance de tierras y recursos. Puede que un mundo más caluroso favorezca aún más a EE.UU.; esto es ciertamente posible. Pero cuando el orden mundial ubica al país en el número uno, ¿por qué correríamos el riesgo de que el cambio climático altere ese orden? Mantener la balanza de poder como está parece estar dentro del interés nacional estadounidense; y mantener las cosas como están implica prevenir un cambio climático significativo. Al final, eso es lo que ganaremos.

Fuente: Revista Qué Pasa, #1879

miércoles, 11 de abril de 2007

Fernando Flores nos da sus recomendaciones respecto a como producir innovación en Chile.

Fernando Flores L. Vicepresidente Fundación País Digital



¿Cómo producir innovación competitiva en Chile? Innovación es un término de esta década, así como lo fue la calidad en la década de los 80 y mediados de los 90. Esto expresa una preocupación por responder a mercados cada vez más cambiantes y diferenciados, y por otro lado a la posibilidad de satisfacerlos a través de nuevos productos, procesos y estilos.

La innovación en sí no basta, tiene que ser competitiva, diferenciadora de valor, creadora de una trayectoria de innovaciones que persistan en el tiempo. Paradójicamente la innovación se basa también en la conservación de lo propio, por lo tanto implica una inflexión de estilo, nunca una creación desde la nada.


Para decirlo simplemente, la innovación es todo lo que la gente considera bueno y necesario para llevar a cabo algo y está dispuesta a pagar por ello cuando se refiere a mercados o dispuesta a apoyar instituciones o nuevas legislaciones.


La pregunta es cómo producir innovación competitiva hoy y aquí, en Chile. Para responder, necesitamos entender la lógica mundial de la innovación competitiva, y dar el salto, salto que es posible y que nos permitirá romper con ?la maldición de los recursos naturales?.

A continuación y sin pretensión de abarcar todo, planteo para este prólogo cinco condiciones mínimas para la instalación de una cultura competitiva innovadora en Chile:


1. Contar con una infraestructura digital y de comunicaciones adecuada. Chile necesita ancho de banda barato y pensado a largo plazo; porque el ancho de banda de hoy no va a ser ancho de banda mañana. Hablar de ancho de banda será en poco tiempo hablar de desarrollo, de oportunidades, de crear una cultura educativa totalmente distinta.

2. Construir redes. La innovación tiene que ver con redes. No se trata de un problema de finanzas fundamentalmente, sino de redes de gente que ayuda a otros que tienen ideas para salir adelante.

3. Líderes. Toda innovación es un cambio cultural y requiere de líderes culturales. Necesitamos innovación que se pueda desplegar y transformar en empresas exitosas, en prácticas exitosas. Hoy los líderes tienen que experimentar, tienen que salir de lo tradicional.

4. Prácticas Sociales. Atisbar. Entender qué está pasando en el mundo de relevancia para los chilenos. Atisbar no es una actividad de laboratorio. Debe ser una actividad práctica de todos los chilenos. Si no tenemos buenos atisbadores vamos a llegar tarde a la conversación del mundo. Alertar. El alertar es una actividad mucho más política. El alertar implica transmitir las consecuencias de las oportunidades perdidas y de sus amenazas. Conmocionar. Lucha, pelea, disputa. Un buen ejemplo es cómo la industria logró conmocionar al mundo con el cambio de milenio. Compañías enteras se complicaron con la amenaza. Premiar, felicitar, concursar: por eso celebro esta iniciativa. Nos hace falta felicitarnos, difundir el esfuerzo, la creatividad, premiar la audacia y promoverla aún más.

5. Transformación del aparato legal e institucional que soporte y se adapte a los procesos de innovación.


Capital en Chile existe; necesitamos más innovadores que se unan a estos 50 casos, Made in Chile.



miércoles, 4 de abril de 2007

Las ganas también cuentan

El poder de la visión

David Fischman

Hoy en día los ejecutivos han descubierto el poder y los beneficios que obtiene una organización que cuenta con una visión, pero son pocas las personas que han trasladado este concepto a su propia vida. En el siguiente artículo, nuestro colaborador refiere experiencias que contribuyen a logralo.



Viktor Frankl, autor del libro "Un hombre en búsqueda del sentido" relata su experiencia en Auschwitz, en la Alemania nazi. Frankl tuvo que soportar las condiciones infrahumanas de este campo de concentración, y al igual que sus compañeros comenzó a debilitarse hasta que descubrió que a un hombre le pueden quitar todas sus libertades excepto una: la libertad de escoger la actitud que toma ante determinada circunstancia.
El autor descubrió que "Si un hombre tiene un porqué vivir, puede afrontar cualquier cómo". Frankl soñó con la imagen de lo que haría cuando saliese del campo. Presentaría sus estudios sobre la psicología de los prisioneros a científicos de su país. A través de su visión, su vida tomó un significado del que antes carecía. Tenía más ganas de vivir, más energía y salud que sus compañeros. Gracias a la fuerza de su visión, Viktor Frankl sobrevivió a esta terrible experiencia.
Una visión de vida es un sueño retador de lo que realmente es importante para nosotros. Una visión nos da fuerzas, ayudándonos a superar obstáculos y a mantenernos en la dirección correcta. Nosotros explicamos este concepto con un ejercicio: Sacamos a los alumnos del primer curso de Administración a la cancha deportiva y les presentamos el reto de avanzar 20 metros con los ojos vendados, debiendo llegar a un punto marcado. Inicialmente, los estudiantes ven la meta, pero al estar vendados raramente la alcanzan. Los alumnos terminan lejos del objetivo. ¿Cuántos de nosotros andamos vendados por la vida, sin saber dónde están nuestras verdaderas metas? Si Frankl sobrevivió a las terribles condiciones del campo de concentración gracias a su visión, imagínese lo que su visión puede hacer por usted.
Nuestra visión se construye sobre la base de valores, de lo que es importante para nosotros. El problema es, que con la velocidad de la vida, no nos tomamos el tiempo de descubrirlo. Vivir una vida sin visión es como construir un edificio sin planos ni perspectiva de lo que se quiere lograr.
Al preparar un jugo de naranja lo filtramos para colar las impurezas y quedamos con la parte valiosa de la fruta. De la misma forma, nuestra visión actúa como un colador filtrando actividades no importantes, permitiéndonos aprovechar las oportunidades que nos lleven a lo que realmente queremos en la vida.
En 1996, la UPC desarrolló su primer foro de Creatividad Empresarial. Necesitaba un expositor peruano y los organizadores del evento me pidieron que me encargara del tema. Hasta ese momento, yo nunca había dictado una conferencia ante más de 40 personas. Y a este foro asistirían 600 personas, lo que me causaba terror. Prometí pensarlo y esa noche en mi casa leí mi visión y en una parte decía: "Ser un conferencista internacional". Entonces me dije: "David, tienes dos alternativas: O cambias tu visión, o dejas que ésta te guíe". Al día siguiente acepté el reto. Admito que fue difícil para mí, tuve que prepararme muchísimo, pero superé el miedo e hice un buen papel. Hoy. gracias a la fuerza que me dió mi visión, dicto más de cien conferencias al año en diversos foros.
Tómese una tarde y piense en su visión. Imagínese que tiene 80 años y que está sentado regocijándose con los logros en su vida. ¿Cuáles son? ¿Cuál ha sido su aporte en esta vida? ¿Qué vidas ha cambiado? ¿A cuántas personas ha ayudado? ¿Qué ha hecho para que realmente su vida valga la pena?.
Escriba su visión, póngala en su corazón y estará mucho más cerca de alcanzar aquello que realmente lo hace feliz.

domingo, 1 de abril de 2007

¡De nuevo a la cancha!


Historias de re-emprendedores:
¡De nuevo a la cancha!

Domingo 1 de abril de 2007

Ellos intentaron una y otra vez. En algunos casos, hasta diez veces. Y no piensan en desistir. Porque descubrieron que de estas experiencias frustradas surgen las mejores empresas.


BEATRIZ VELOSO HIRATA

El escenario no es muy acogedor. Abrir una empresa en Chile requiere de nueve trámites, 27 días y un costo de 10% de ingreso per cápita, mientras en otros países desarrollados el mismo proceso puede ser realizado a través de dos gestiones, tres días y cuesta sólo 0,9% del ingreso individual del empresario.

Y si el negocio no va bien, hay que esperar cerca de seis años para cerrar la empresa y se recuperan 23 centavos por cada dólar invertido. Para tener una idea, en Canadá los emprendedores recobran el 90% de su inversión total.

Está claro que hay mucho que avanzar en esta materia. Pero algunos no están dispuestos a esperar. Y aquí revelan el porqué.

"Nos abrían líneas de crédito ridículas"

"El 'sapo' Zúñiga siempre está en puras empresas que fracasan", solía escuchar Marco Zúñiga, 40 años, actual socio fundador de Biokey, una compañía de biometría -tecnología que identifica a las personas por algún atributo físico- que crece 100% al año y prevé facturar sobre US$ 1 millón en 2007.

Marco es ingeniero civil en computación por la Universidad de Chile y no esperó titularse para armar su primera empresa. De hecho, tuvo que postergar en 10 años su graduación porque Énfasis -la firma de desarrollo de software que creó con compañeros de la universidad- le ocupaba las 24 horas del día. La compañía empezó a crecer y llegó a facturar US$ 600 mil al año y tenía 14 funcionarios. "Pensábamos que siendo buenos técnicos, íbamos a lograr armar una empresa y ganar plata", cuenta Zuñiga. Pero no fue así. Faltaba la experiencia como empresarios. "Echamos a perder las dos primeras facturas porque no sabíamos cómo hacerlas", dice. La firma entró en crisis, ya no había flujo de caja para pagar los sueldos y no tenían ningún apoyo del sistema financiero. "Nos abrían líneas de crédito ridículas. Nos medían por nuestro capital, que era de 15 computadores", se acuerda Zúñiga. Tras seis años de pelea, Marco decidió dejar la compañía. Además de heredar una deuda significativa, se dañaron relaciones y el ingeniero pasó tres meses en depresión. "Cuando no estás tranquilo, es muy difícil ser emprendedor", opina. Por eso resolvió empezar una carrera como ejecutivo. En siete años, pasó por cuatro empresas y fue echado de dos de ellas. ¿El saldo? Positivo. "En Telefónica aprendí lo que son las prácticas empresariales y en AT&T cómo comercializar tecnología", cuenta.

Hasta hoy día recomienda a sus alumnos -de Ingeniería de la Universidad de Chile- que, para ser buenos emprendedores, deberían trabajar antes en una corporación grande. En 2003, tras una conversación de 45 minutos con Eduardo Monrás, su amigo y socio principal de E&D Ingeniería y Servicios, acordaron en abrir Biokey. Marco armó el equipo y Monrás entró con el capital. "Empezamos a estudiar, porque sabíamos muy poquito de biometría", dice Zúñiga. Biokey es la única empresa en Chile certificada por el FBI y que desarrolla la tecnología básica localmente. La compañía facturó US$ 500 mil dólares el año pasado, cuenta con clientes importantes, como SII, Redbanc y Registro Civil, y tienen relaciones de negocios con Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Corea, entre otros. "Ahora estoy en biometría, pero en cinco años más, no lo sé", avisa el "sapo".

"Logré ganar plata, pero no me sentía feliz"

José Pepe Flores, 38 años, creó desde empresas de aseo hasta compañías de tecnología de la información y videojuegos educativos. Armó firmas exitosas que, según su "exitómetro" personal, fueron tremendos fracasos. Y de todas sus incursiones emprendedoras, aprendió que "la amabilidad es una parte importante del negocio".

Un personaje. Desde la época en que estudiaba ingeniería de computación en la Universidad de Chile, era el que participaba en las organizaciones estudiantiles, como representante de los alumnos y organizaba los proyectos universitarios.

En 1993 desarrolló los primeros sitios web de Chile y dos años después, abrió la primera incubadora de negocios del país.

En este mismo año, junto con dos compañeros de la universidad, creó Tecnonáutica, una empresa de desarrollo de nuevos negocios en el área de la tecnología de la información. La compañía llegó a facturar US$ 1 millón y cinco años después, fue comprada por la Telefónica.

¿Todo un éxito? No para Pepe. "Fue traumático. El concepto socialmente establecido dice que el que se forra en plata es exitoso. Bueno, yo logré eso pero no me sentía feliz", confiesa Flores.

Lo que el "Che Guevara de la Internet" quería -como fue bautizado en un artículo de la revista Capital- era desarrollar ciencia y tecnología en Chile y ser reconocido afuera.

"Ganamos portadas de diarios y revistas pero yo estaba triste. Porque emprender tiene que ver primero con una actitud de vida y yo tengo claro lo que tengo que hacer", dice.

La compañía siguió, pero sus tres fundadores, "corazón y alma de la empresa", según Pepe, dejaron el negocio.

Un año después, el emprendedor fundó Aseo Maestro, una empresa que prestaba servicios de limpieza del hogar. Pero, una vez más, la firma fracasó. No financieramente, sino que en términos "emocionales".

"Tuvimos problemas de organización con las personas que trabajaban en la compañía", explica Pepe.

La última -y actual- empresa creada por Pepe es Newtenberg, un laboratorio de desarrollo de tecnologías que sirve de incubadora para nuevos negocios, como la introducción de los videojuegos como parte del proceso de aprendizaje de los niños o soluciones para intervenir en la organización de la sociedad en los ámbitos de la salud, educación y trabajo.

El futuro de Newtenberg nadie sabe, pero Pepe tiene claro que "las empresas amables -las que hacen una colaboración competente y buscan perfeccionarse y a su entorno-permanecen y han permanecido siempre".

"Si te va mal, nadie te llama"

Entre ocho y diez empresas ha formado Jorge Arancibia, 37 años, hasta el momento. "He tenido grandes aciertos y equivocaciones", dice este ingeniero comercial de la Universidad Católica. Arancibia partió con una compañía de servicios de aseo industrial, en 1995, pero encontró que se trataba de un rubro "poco desafiante intelectualmente" y decidió vender 50% de la firma a los dos años de su fundación. Al año siguiente abrió Open Chile, una empresa de desarrollo de sitios web y portales, responsable por la creación de openchile.cl, uno de los cinco dominios más visitados en el país. El negocio facturaba US$ 1 millón al año y empleaba a 36 personas, pero en 2001 Jorge decidió venderla al grupo norteamericano Star Media. "Nos ofrecieron una buena oportunidad", agrega. Pero el monto es confidencial. Habría que empezar de nuevo, pero ahora, con capital en el bolsillo. Un mundo de posibilidades. Pero como bien dice el dicho "quien mucho elige, con el peor se queda". Arancibia armó Nueva Voz, una firma de marketing directo interactivo. No le fue bien: tenían errores desde la gestión hasta de falta de comprensión del mercado. "Partimos y terminamos mal", confiesa Jorge. Pero de algo sirvió. Tanto las malas como las buenas experiencias. Si por un lado la reinserción es difícil porque en Chile "somos súper 'exitistas' y si te va mal, nadie te llama o te contesta", por otro, el aprendizaje es positivo. "Uno se pone más analítico, crítico, aprende a manejar mejor los tiempos y las negociaciones. Eso te genera menos ansiedad y de ahí se cometen menos errores", explica.

Cuando creó Nueva Voz, tenía "mucha gente y poca demanda", pero en su última incursión partió sólo con un socio. Se trata de Neo Plus Technologies, una empresa de representaciones de una tecnología israelí de ahorro de combustibles industriales y que planea facturar cerca de US$ 2 millones este año.

"Exportamos a Perú, Colombia, México y Estados Unidos. Ahora tengo muchos más proyectos de lo que puedo abarcar", cuenta Arancibia.